Las violentas / En opinión de Francisco Gómez Maza

Redacción MXPolítico.- Lo contrario de machismo no es feminismo; es hembrismo. El macho y la hembra son seres vivos irracionales, cuyo principal objetivo en la vida es aparearse, pero inclusive lo hacen con orden, en el tiempo específico para el apareamiento, para preservar las especies. Su objetivo irracional es la preservación de las especies. No la lujuria con que se aparean los seres humanos. O la lujuria, irracionalidad, brutalidad, con la que algunos machos violan a la mujer. O la brutalidad, irracionalidad, lujuria con la que algunas hembras violan a un ser humano masculino, generalmente niño.

Sin embargo, es muchísimo más generalizado que sea el macho (el hombre, el varón) el sujeto que viola a una mujer o a otro ser masculino. Tantos ejemplos de machos que violan niños o niñas, inclusive niños o niñas de 4 años. O jovencitas, jóvenes adultas, maduras y hasta a su madre.

Son estos machos, hijos de la inconciencia, algunos de la perversidad, otros de la violación. Entre ellos hay muchos ministros religiosos de todas las congregaciones. Los hay políticos de todos los partidos y tendencias filosóficas; los hay intelectuales y artistas. Los hay de todas las clases sociales.

En mi tierra no estoy seguro que ya haya desaparecido el derecho de pernada. Cuando era niño, si una mujer se casaba. En la víspera de la ceremonia de casamiento, ella tenía que acostarse toda la noche con el patrón, con el dueño de la finca. Esta relación hombre-hembra, varón-mujer ha sido una costumbre desde que el mundo es mundo. El hombre varón es educado para cogerse a la mujer, para embarazar a la mujer, para ser el hombre de la casa, para ser el patrón, para ser el semental. Había incluso un desafortunado adagio: “la mujer como la escopeta debe de estar cargada y en la cocina”. La mujer ha sido educada, por su madre, mujer, para ser la sirvienta del varón, para que le cocine la comida, para que le lave la ropa, para que tenga sexo con él cuando él lo desee y ordene. Y esas malas costumbres no se han acabado con el paso de los años. Es la misma mujer la que educa a sus hijos para esas tareas.

Pero la situación llegó a su clímax de perversidad. De odio. En la actualidad, todos los días nos desayunamos con la noticia de que una niña salió de su casa un día y nunca volvió. Los investigadores policiacos encontraron su cadáver podrido en algún paraje con señales de tortura, con señales de violación. O sea que el violador-asesino la secuestró, la violó cuantas veces se le dio la gana, y luego le quitó la vida por puro odio cuando no la vendió a una banda de tratantes de personas que se la llevarían a un país lejano para dedicarla a la prostitución.

Eso es lo que se llama feminicidio: El feminicidio define un acto de violencia extrema contra las mujeres tan sólo por su condición de ser mujeres y forma parte del concepto más amplio de violencia de género. Probablemente ya todos lo sepan pero no está de más recordarlo: de acuerdo con la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, la muerte violenta de las mujeres por razones de género, tipificada en nuestro sistema penal como feminicidio, es la forma más extrema de violencia contra la mujer. La violencia contra las mujeres tiene su origen en la desigualdad de género; es decir, en la posición de subordinación, marginalidad y riesgo en que éstas se  encuentran respecto de los hombres.

La muerte violenta de las mujeres por razones de género, tipificada en nuestro sistema penal como feminicidio, es la forma más extrema de violencia contra la mujer y una de las manifestaciones más graves de la discriminación hacia ellas.

En el Código Penal Federal, el feminicidio se encuentra tipificado en el artículo 325, el cual establece lo siguiente:

“Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

La victima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;

Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

Haya existido entre el activo y la victima una relación sentimental, afectiva o de confianza;

Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

La victima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;

El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.

Con cuánta razón pues hay indignación entre la gente de bien, mujeres y hombres ante la oleada de feminicidios que se ha desatado de algunos años a la fecha en México y que ahora hicieron crisis porque los medios dieron cuenta de que en este deleznable delito podrían estar involucrados integrantes de la policía de la Ciudad de México.

La indignación, por tanto, hizo presa a muchas mujeres y hombres que, ante la impunidad, salieron a las calles a llamar la atención de las autoridades. Pero como en toda manifestación callejera, se inmiscuyeron radicales individuos irracionales, destructores, irracionales, ahora disfrazados de mujeres, que se dedican a la destrucción de todo lo que encuentran a su paso.

Y lo que más indignación le produjo al escribidor fue la agresión al colega de adn40, a quien un desalmado, por la espalda, le tundió un puñetazo en la mandíbula, que dejó inconsciente al colega. Y aún en el suelo siguieron agrediéndolo personas vestidas de mujer... Caramba, ¡En qué país vivimos! ¿Hasta cuándo Catilina dejarás de abusar de nuestra paciencia? Como le reclamó Marco Tulio Cicerón, en el Senado Romano, al traidor. Cicerón fue una pieza clave contra Catilina, el senador populista, con vocación de dictador, ansioso de acumular todo el poder sirviéndose de los plebeyos a quienes intentaba perdonar todas las deudas. Aquí, en este mundo, hay muchos hombres que odian a las mujeres. Elucubro: quizá porque ellos hubieran querido ser mujeres…

 

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